En el mejor clima. Por Elino Villanueva
Ya en entregas anteriores expusimos nuestra opinión modesta en el sentido de que quién sabe por qué artes ocultas, esotéricas, los funcionarios y políticos emprenden medidas en sentido contrario a lo que impone la lógica, mientras cierran el camino a propuestas de sentido común. También informamos que desde hace casi cuatro años se presentó una agenda ambiental urgente ante el Honorable Congreso del Estado, sin que al menos por elemental cortesía nos hayan dado respuesta.
Ahora desde el mismo Congreso se empeñan en reforzar esa idea, pues con la Procuraduría de Protección Ambiental del Estado de Guerrero, nuestra querida y emblemática Propaeg —la primera instancia en su tipo en México, por cierto, vaya privilegio en el impulso de medidas para conservar nuestros ecosistemas—, emprendieron un concurso ¡entre niños! para reunir plásticos y competir, desde planteles escolares de Acapulco, por ver quiénes juntan más, y premiarlos.
Que se promueva la cultura del reciclaje y la conservación de la Naturaleza está bien, es digno de elogio, pero cualquiera sabe que eso no nos llevará a nada, no tendrá ningún efecto contundente en la tarea urgente de evitar o mitigar la tragedia que tenemos encima en nuestro entorno natural. El concurso “Sin contaminación por plástico”, puesto así, se antoja como un acto más para tomarse la foto y hacer creer que estamos trabajando durísimo para enfrentar el cambio climático.
Pues no: una verdadera acción en contra de la inercia irresponsable en contra de nuestra biodiversidad es prohibir la producción y uso masivo de recipientes de un solo uso, de plástico y otros materiales de origen químico, que —todos lo sabemos, por supuesto que también nuestros funcionarios y diputados y líderes sociales— soncausantes de la grave acumulación de materiales en los ríos, las lagunas, los océanos, en detrimento de las especies de plantas y animales, del planeta.
Es necesario cambiar la cultura del uso cotidiano de inmensidades de plástico y unicel en el consumo de alimentos, por tratarse de materiales que tardan mucho en degradarse, y cuya producción industrial sólo genera ganancias a los dueños de los grandes consorcios, y ningún beneficio a los ciudadanos, al Medio Ambiente.
Poner a los niños a juntar plástico, y más todavía: a competir, ilusionarlos por ver quién juntó más, es utilizar a un sector social inmensamente vulnerable en una inercia destructiva, como si la acumulación de plástico fuera algo natural, algo que está ahí como parte de nuestra vida, y no impuesto por quienes sólo buscan hacer negocio y obtener ganancias multimillonarias a costa de los demás. Sí, pues.