Alejandro Mendoza
En general se puede decir que las causas más comunes de la violencia social, provienen de factores como el alcoholismo, la intolerancia, la drogadicción, la ignorancia y la falta de control. Pero hay otras condicionantes que se suman como la ambición de poder, la codicia de lujos y la avaricia por el dinero.
Existe una sociedad cada vez más globalizada que permite el conocimiento y contacto más o menos frecuente con personas con diferentes opiniones, creencias y formas de ver el mundo. Si bien por lo general esto genera una corriente de entendimiento entre las distintas culturas, en ocasiones también puede degenerar en violencia social.
Y es que el contacto con diferentes corrientes de pensamiento permite una evolución de la sociedad hacia valores como la tolerancia y el respeto mutuo, pero para algunas personas puede resultar aversivo al percibir las diferencias entre las formas de vivir y pensar con otros pueblos y colectivos, estando en algunos casos en oposición directa con las propias creencias y suponiendo la percepción de una desigualdad o la pérdida de poder social. Así, la pérdida de poder y la incomprensión de otros modos de ver el mundo considerando los propios ideales como los únicos o los más apropiados pueden degenerar en violencia.
Ahora bien, se entiende por violencia social todo aquel acto con impacto social que atenta contra la integridad física, psíquica o relacional de una persona o un colectivo, siendo dichos actos llevados a cabo por un sujeto o por la propia comunidad.
En algunos casos esta violencia es aplicada con el propósito de conseguir una mejora en las condiciones de vida o como forma de protesta por un trato que es considerado como vejatorio, como ocurre en algunos motines y revueltas. En otras ocasiones se pretende disminuir el poder de los demás con el fin de perjudicarles a ellos o a sus puntos de vista, o bien para aumentar la percepción de la propia autoridad.
Pero en general, se puede determinar que el objetivo de la violencia social como tal, es la obtención o mantenimiento de poder y estatus social. Sin embargo, en muchas ocasiones ésta va vinculada a la violencia política, en la que se realizan actos violentos con el objetivo de lograr un poder político; o la violencia económica, en la que el objetivo es la obtención de capital; o pueden ser acciones originadas por intereses de la delincuencia organizada y narcotráfico.
En tal sentido, la Organización Mundial de la Salud (OMS) define la violencia como el uso deliberado de la fuerza física o el poder, ya sea en grado de amenaza o efectivo, contra uno mismo, otra persona o un grupo o comunidad, que cause o tenga muchas probabilidades de causar lesiones, muerte, daños psicológicos, trastornos del desarrollo o privaciones.
Las formas que esta lacra social adquiere son diversas: la desaparición forzosa de personas, la intimidación, el abuso o maltrato infantil, la violencia doméstica, el abuso físico, el abuso psicológico, la tortura, el tratamiento cruel, inhumano y degradante, etc. Asimismo, las consecuencias son incontables, llegando, incluso, a la muerte, o a las lesiones graves, embarazo no deseado, vulnerabilidad a las enfermedades, el suicidio, la depresión, la pérdida de la autoestima, el temor y sentimiento de culpa, sentimiento de odio y vergüenza, desconfianza y aislamiento, entre otras.
Cada forma de violencia requiere un tratamiento específico, pero en general, hay prácticas que ayudan a reducirla y hasta erradicarla como la educación, el respeto a las normas y la comunicación, lo cual es evidente que en México no ha funcionado.
En este contexto, el Sistema Nacional de Seguridad Pública dio a conocer que Guerrero ocupa el tercer lugar en el país en homicidios dolosos después de Colima y de Baja California. En 2018 hubo 2 mil 472 víctimas de homicidio doloso en Guerrero, 50 menos que en 2017. La tasa de homicidios dolosos por cada 100 mil habitantes es de 61 por ciento, la tercera cifra más alta en el país.
En tal sentido, entre las condiciones de riesgo detectadas por estudios científicos, y que se reflejan en la mayoría de los casos de violencia divulgados en los últimos años por los medios de comunicación, se destacan: la exclusión social, la pobreza, la falta de empleo, la corrupción de las autoridades, la ignorancia, la integración a bandas de la delincuencia organizada y la facilidad para disponer de armas.
Distintos estudios arrojan que los contextos en los que transcurre la vida durante la infancia y la adolescencia a la juventud son caldo de cultivo para las condiciones de riesgo de violencia. La mayoría de los promotores o víctimas de la violencia son jóvenes. Y eso es muy lamentable.
Los errores fueron míos, los aciertos de Dios, sonría, sonría y sea feliz.
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