En Tela de Juicio – Por Felipe Victoria Zepeda

Por Felipe Victoria Zepeda

 

Famosas y peligrosas

 

Mi primera aparición de NO LO DIGA en vivo, desde la plataforma digital de Jorge Zamora Téllez, en NOTICIARIO PRINCIPAL.MX, generó reacciones.

Obviamente debo aclarar a muchos que se inquietaron, que cuando los cadáveres de asesinados se enfrían y pasan unos años, el asunto ya no es de nota roja, sino de nuestra historia negra.

En todos los tiempos han existido crímenes proditorios perpetrados contra personajes relevantes, que curiosamente nunca son de veras investigados a fondo cuando existen motivos políticos, o las víctimas tenían vidas íntimas complicadas.

La jalada de las autoridades de calificar esos sucesos como “hechos aislados”, solo despierta suspicacias dando pie al chismorreo que alimenta leyendas negras.

Excusa favorita de procuradurías con ministerios públicos chambones o indolentes y poco profesionales que abundan, porque algunos sólo son “levantadores de actas” y no investigadores de vocación y profesión que no suelten una investigación porque no hay “aceite”.

Me he preguntado dónde archivan tantas cartulinas con los mensajes de mañosos que dejan junto o sobre los ejecutados, y si alguna vez dieron intervención a peritos calígrafos para analizar y dictaminar sobre la autoría de la escritura de esos mensajes macabros, que utilizan de pretexto para no averiguar nada como debiera ser “de oficio”.

No en vano dejé muchos de mis mejores años portando orgullosamente la camiseta del personal del Ministerio Público y me caractericé por aferrado a los casos que me tocaron.

De uno de tantos casos, a principios de 1983 terminé escribiendo una novela que le dio miedo a mi entonces editor, porque a pesar de disfrazar nombres los personajes eran fáciles de identificar, gente famosa o muy importante.

Al varón víctima en la trama, que fue uno de los más prestigiados juristas mexiquenses ligados al poderoso Grupo Atlacomulco, querido y respetado en la UNAM, que tuvo el control de la grey estudiantil, le pidieron el favor de instigar la reforma al artículo 82 constitucional para que en 1982 el preclaro hijo de Santiago Tianguistenco pudiera ser candidateado a la Presidencia; le estorbaba ser hijo de un alemán, que a cambio le prometió al jurista mexiquense hacerlo gobernador como un famoso tío ingeniero en la época de Ruiz Cortines.

En el inter se les ocurrió que el catedrático tenía el inconveniente de nunca haberse matrimoniado, así que le arreglaron un matrimonio de conveniencia con la deslumbrante “dama de sociedad” y mecenas de la Cultura que fue las más retratada al óleo por grandes maestros del pincel y la escultura.

Una bellísima mujer rubia de ojos azul cobalto emparentada cercana de una de las actrices mexicanas más famosas en Hollywood, entrañable amiga de la Diva que se casó con el músico poeta Agustín Lara y le compuso la inmortal canción donde menciona al bello Acapulco.

La dama había tenido ¿la suerte? de enviudar dos veces de millonarios: un joyero y un petrolero extranjero, pero cuando el hijo vago y apostador la dejó en la ruina financiera, le cayó del cielo la oportunidad de que la casaran con el que pensaban sería gobernador del Estado de México, si el profesor hijo del alemán llegara a Los Pinos.

¿Pero qué pasa cuando se topan mujeres muy bellas relacionadas íntimamente con políticos poderosos?

Por no querer darle su receta secreta para la eterna juventud a la esposa guerrerense del presidente garañón que recibiría una  Hacienda mexiquense a cambio de ordenar las candidaturas, la entonces primera dama, pero no “primera cama”, porque el marido andaba empelotado de una bellísima actriz del cine de ficheras, fue a darle santo y seña al periodista más temido y dueño del semanario más leído de la transacción, y el presidente tuvo que devolver el “obsequio”.

Ni el profesor ni el catedrático lograron entonces sus aspiraciones electorales.

Enfadado el prócer de la cultura mexiquense decidió modificar su testamento y divorciarse de la gran hermosa dos veces viuda antes, que al enterarse de que ya no sería esposa de millonario, se puso de acuerdo con el médico amante y su destorlongado hijo para mandar simular un secuestro o asalto en Cuernavaca, y quitarle la vida al marido antes que firmara con el notario y la demanda del divorcio necesario.

El complot les falló y de la manera que revelo en la novelita “Mujeres Peligrosas” fue esclarecido en la Procuraduría de Justicia defeña, pero las influencias y presiones se hicieron presentes enviando a los inculpados a Cuernavaca, donde sobornaron a medio mundo para quedar en libertad.

La otra vez millonaria por viudez obligó al galeno amante y cómplice a matrimoniarse, pero tiempo después al descubrirlo en infidelidades manipuló a su jardinero para que lo matara con la escuadra con que hirieron al jurista mexiquense, que murió en el Centro Médico pero porque le desconectaron el suero, dejando entrar aire y le sobrevino embolia gaseosa.

La cuatro veces autoviuda terminó su vida en la cúspide de la fama, reverenciada como hermosa mecenas de la cultura y el arte; a muchísimas calles y avenidas les pusieron el nombre del ilustre catedrático, el colmo de la impunidad y la hipocresía política.

Algunos cibernautas se espantan de que les cuente por Internet esa historia, pero porque se imaginan descubrir paralelismos con algunas situaciones de la actualidad.

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